Este artículo resume las principales conclusiones de esta investigación, tras el análisis de datos, la realización de entrevistas y la reflexión realizada en el encuentro “El voluntariado ambiental en zonas rurales” realizado en Almócita el pasado mes de mayo.
Se plantea como una posible hoja de ruta útil tanto para ONG como para administraciones, personas voluntarias o responsables locales que apuestan por un territorio más vivo y sostenible.
Uno de los descubrimientos más relevantes del estudio es que las acciones de voluntariado no se limitan a parques o espacios naturales protegidos. Muchas de ellas tienen lugar en municipios pequeños, algunos con menos de 1.000 habitantes, donde el voluntariado actúa sobre caminos, fuentes, cursos de agua, especies amenazadas o incluso sobre el patrimonio inmaterial.
Por ejemplo, la Asociación Herpetológica Española (AHE) ha desarrollado actividades de seguimiento de anfibios y reptiles en distintos municipios, combinando ciencia ciudadana con divulgación y conservación. En Galicia, la asociación Fragas do Mandeo ha liderado proyectos de restauración ecológica y control de especies invasoras con fuerte implicación vecinal.
También se documentan experiencias como la de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), que ha apostado por integrar acciones de voluntariado en estudios de calidad ambiental y educación para la sostenibilidad, o la propia WWF, que organiza campos de voluntariado en colaboración con ayuntamientos y parques nacionales, combinando conservación con aprendizaje colectivo.
Varias ONG colaboran con escuelas y ayuntamientos para reforestar y recuperar espacios públicos. También hay iniciativas innovadoras como el agroturismo regenerativo y la importancia de los acuerdos de custodia del territorio como fórmulas emergentes para conectar voluntariado, medio ambiente y desarrollo local.
Las barreras para una mayor participación local son diversas: falta de información, escasa devolución de resultados, desconexión con las prioridades reales del pueblo. Aunque el discurso ambiental está muy presente, cuesta traducirlo en participación activa. Sin embargo, cuando las personas del entorno se implican, el impacto es mucho mayor, tanto en continuidad como en apropiación del proyecto.
A nivel ambiental, destacan la restauración de ecosistemas, el control de especies invasoras, la mejora de la biodiversidad y la limpieza de espacios naturales. A nivel social, las iniciativas fomentan la sensibilización, la cohesión entre generaciones y el sentido de pertenencia al territorio. Incluso se han observado casos donde estas dinámicas han favorecido procesos de repoblación.
Sin embargo, la mayoría de las ONG no evalúa de forma sistemática estos resultados. Entidades como ACA o WWF reconocen que no evalúan de forma sistemática estos resultados, más allá de métricas técnicas como número de árboles plantados o kilos de residuos recogidos. Se echan en falta indicadores que reflejen mejor el impacto social o el efecto a largo plazo en la economía local. Tampoco existen indicadores desde la administración que reflejen con claridad el valor económico o turístico que podría tener el voluntariado ambiental si se integrara en estrategias de desarrollo local.
La investigación también identifica obstáculos persistentes: la escasez de financiación estable, la dificultad de captar voluntarios de manera continua, la falta de figuras de mediación comunitaria, y la desconexión entre lo que diseñan las ONG y lo que necesita realmente cada pueblo.
Uno de los puntos más señalados fue que muchas iniciativas se organizan sin consultar a la comunidad local y tampoco se les devuelve información tras su ejecución. Esto debilita la confianza y limita la participación vecinal.
En contraposición, experiencias como las de Fundación Almanatura, o los programas integrados en turismo regenerativo en Navarra, muestran que cuando hay escucha activa, continuidad y adaptación al contexto, los resultados son transformadores.
Objetivos:
Durante la jornada participativa que cerró el estudio, los diferentes actores implicados —ONG, administraciones, voluntariado, técnicos locales— consensuaron una serie de prioridades para que el voluntariado ambiental en zonas rurales gane impacto y sostenibilidad. Estas son las más destacadas: